
“Esta vez sí existe un garante que asegure que el chavismo cumpla su palabra.” Con esa frase, publicada en X, el dirigente Juan Pablo Guanipa resumió el ánimo con el que un sector de la oposición venezolana recibió el reinicio de las negociaciones con el Gobierno de Delcy Rodríguez, esta vez bajo mediación directa de Estados Unidos.
La novedad de esta ronda no es solo la presencia de Washington como garante, sino el rostro que representa a la oposición en la mesa: Dinorah Figuera, médica y exparlamentaria de 65 años, militante de Primero Justicia, partido de Derecha. El Departamento de Estado la señaló como cabeza de la que considera la “última instancia democrática reconocida” en Venezuela, un espaldarazo que reconfigura el liderazgo opositor.
Esa reconfiguración deja a María Corina Machado fuera del centro del proceso. Aunque durante meses fue vista como la principal figura opositora, el Gobierno estadounidense no la incluyó entre los negociadores ni depositó en ella la confianza para conducir esta etapa.
Machado ha dicho que no obstaculizará las conversaciones, pero fuentes cercanas al proceso afirman que continuaría intentando incidir desde Europa, con apoyo de medios y figuras progresistas afines al globalismo.
En el plano económico, el Gobierno de Rodríguez aprobó con rapidez reformas a las leyes de hidrocarburos y minería impulsadas por Washington, pensadas para facilitar el ingreso de capital extranjero a un país que la falta de garantías jurídicas había mantenido aislado del mercado global.
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